No sólo el pecho

Aún cuando las grandes ventajas de la lactancia materna son bien conocidos, hay condiciones en las que las madres se ven obligadas o prefieren emplear la alimentación con biberón.

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Si el bebé es alimentado con biberón, es vital que la tetina respete la fisiología, que es la naturalidad en la succión.

 

Debe ser extremadamente suave, elástica, extensible, para no obstaculizar cualquier movimiento de la boca o la lengua del bebé durante la lactancia, de la misma manera que la lactancia materna. Pero no sólo eso, una buena tetina debe respetar la forma en la que el bebé succiona y traga, que cambia y evoluciona con el paso de los meses, como lo demuestra la evidencia científica en este campo.

 

De hecho, en los bebés el mecanismo de la deglución es un proceso dinámico en constante evolución: se comprobó que en realidad, desde el nacimiento hasta los 6 meses, durante la lactancia el bebé mantiene la boca bien abierta, los labios envuelven el pezón (o la tetina) y el bebé abre y cierra la boca y la lengua se desliza hacia atrás y hacia adelante para mover la leche hacia la parte posterior de la boca para poder tragar.

 

A esta edad, es aconsejable emplear una tetina muy extensible, cuya forma sea amplia y redondeada, de manera que la boca del bebé este bien abierta. Después de los 6 meses, sin embargo, los labios del bebé están más cerrados y la lengua se mueve de modo de crear una onda que ayuda la succión (aspiración) y la ingestión de leche. Por eso, es ideal una tetina más alargada, que permita que el bebé agarre con mayor facilidad.

 

Así, para acompañar la evolución del modo en que el bebé come, sin interferir en la fisiología de succión, la tetina debe tener una forma, dimensiones y características que son diferentes para cada rango de edad.